Quería evitar a toda costa, esas conversaciones vacías que se producen en las primeras citas, o cuando se emprende ese caminito delicioso de la seducción, ambos estabamos allí por la curiosidad y el cosquilleo del mismo deseo. Se metió los dedos que me habían tocado en la boca ...
lunes, 24 de febrero de 2020
Eres un cabrón
Quería evitar a toda costa, esas conversaciones vacías que se producen en las primeras citas, o cuando se emprende ese caminito delicioso de la seducción, ambos estabamos allí por la curiosidad y el cosquilleo del mismo deseo. Se metió los dedos que me habían tocado en la boca ...
domingo, 25 de octubre de 2015
Rozándome en el autobús
Cierto día de verano . Tomé un autocar para pasar el día tostándome al sol, vestía de blanco (como casi siempre), unas sandalias con tiritas de piel marrón unas medias transparentes a media pierna y unos encajes negros por debajo. ;)

Es de esas veces que podía sentir las miradas de los sujetos que estaban a mi alrededor, jijiji, me sentía la dueña de la situación, el transporte se iba llenando en cada parada, hasta que en algún momento estaba algo apretado..........
No se como apareció a mi lado un tipo que he de confesar no me desagradadaba, era atractivo y tenía una sonrisa pícara, él me miraba y yo disimulaba, entonces al tomar una curva perdí el apoyo de un asiento y acabé rozándole para no caerme, agradecí por una vez que el conductor condujera como un loco, fue entonces cuando él se comenzó a acercar un poco más, hasta que mi mano y donde debía esconderse su pene se encontraron por “accidente” entonces sentí en el dorso de la mano como la tenia de dura, se me inyectó la cara de sangre, me ruboricé y no podía mirarlo, pero entonces moví mi mano de manera que como quién no quiere la cosa acariciaba muy discretamente lo que tenia muy cerca, su polla cada vez se iba poniendo más y más grande, me mordí tanto mi labio que casi me sangra y me costaba respirar, la verdad es que me imaginaba su tranca y quería sacársela y frotarla contra mi trasero el cual vestía una tanga, quería tenerla.
El sujeto solo me miraba con rostro de querer desnudarme, me excitó mucho notar como respiraba fuerte. Me comenzaba a poner mojada, podía sentir como algo escurría levemente entre mis piernas, me puso muy caliente el simple hecho de pensar en masturbarnos en el transporte rodeados de tanta gente. Total que al bajar del bus giré mi mano y le apreté el enorme bulto que tenia y solo escuché como se quejó de placer cerca de mi oído mientras pasaba frente suyo restregando mi trasero y su falo durísimo.
Adiós me dijo al oido y casi me salió un nooooooooooo de las tripas, el resto del día lo pasé totalmente mojada por el acontecimiento.
domingo, 5 de julio de 2009
Tercera Mano
En aquellos momentos, a alguien se le había escapado una mano pegada a un brazo, no se de quién era pero se parecía descaradamente a la mía, me quede extasiado un buen rato, la envidié por momentos, ojalá fuesen mis dedos, entonces miré hacia mis brazos y vi que uno no estaba en el lugar de partida, por lo tanto se había sublebado, había partido sin la receptiva orden mental, cerré los ojos con fuerza, le ordené que retrocediese, intenté por todos los medios que mis ojos lo desvinculasen de aquella situación, pero ya no me obedecía, quizás no debiera haber bebido tanto, quizás mi mirada debiera haberse relajado en horizontes lejanos o quizás mejor en otra mujer. Pero la 'V' formada por aquel 'jean' semiabierto se constituyó en un vórtice, del que mis dedos incontrolados se convirtieron en víctimas absorbidas.
El caso es que mi mano parece que se lo pasaba en grande, ajena a todo el descalabro que estaba organizando, debía acordarse de mi porque aún me retransmitía sus sensaciones dactilares, incluso volvió momentaneamente a su punto de partida solo para descaradamente mostrarme los dedos manchados por el producto de su trabajo.

-Pero ¿que coño haces?
El marido de la víctima del ataque de mi mano, hasta ahora amigo mio, al cuál parece ser que a él se le escapó otra mano con los dedos plegados sobre si mismos (según me dijo), me acarició el rostro, concretamente el ojo izquierdo, también hizo que uno de mis ojos dejará de transmitir, el apagón analógico continuó en mi mente.
-Uno no es de piedra Ramón. Lucía me estaba provocando y se me ha escapado una mano, que por lo que veo aún no controlo demasiado, le puede pasar a cualquiera, quizás por falta de concentarción.
-Pues yo lo que veo es que tienes mucha cara y eres un pervertido, te has salido de la realidad y más valdría que controlases un poco la situación, la pobre chica no te estaba provocando, estaba intentando limpiar una mancha de salsa en el jean.
Ella sonreía, le encantaba que se peleasen por ella. Mientras mi mano estaba en un sitio indebido y el puño de Ramón intentaba por todos los medios sacudirme hasta encontrar en mi cabeza el resorte que controlase todas mis extremidades, más que nada porque Lucía empezaba a ir desconectando también sus brazos.
sábado, 14 de marzo de 2009
Metas Cortas
Quizás nadié le advirtió que hay preguntas que no deben hacerse, porque el efecto de la pregunta era devastador, las mujeres huían con una mirada torva, ante una sinceridad tan aplastante.
Hace años él había rozado a una compañera de Instituto de una forma casual, pero claro su timidez, no le permitió averiguar si la sensación fue satisfactoria en ambos cuerpos y por lo tanto seguir avanzando en la cuestión, resolviendo el tema con un huidizo 'lo siento'.
Por fin una simpática mujer anónima, en la cola de un supermercado, accedió a sus razonables propósitos, con un divertido...
-¿Y por que no?
Añadió que solo disponía de una hora para tal menester, de modo que le propuso un paseo por el parque, para evitar miradas indiscretas.
A pesar de esas dos preocupaciones, las miradas indiscretas y el límite horario, se decidió por besarla, (estuvo durante toda una vida, pensando como sería este momento). El beso se desarrolló con total naturalidad y la hermosa mujer de la que no analizaremos los motivos que le impulsaron a consentir en ser tocada, devolvió el beso con naturalidad.
Miles de duendes mentales, le dijeron que parara ahí, en ese beso cándido para evitar un traúmatico rechazo posterior, el contrato verbal no especificaba que tipo de tocamientos y la brevedad del tiempo asignado no aconsejaba proezas mayores, esas advertencias fueron rechazadas por una prodigiosa erección y entonces se obró el milagro, la mente empezó a dejar de trabajar, entrando en un mundo mágico, que se adueñó de sus manos, de su respiración, de él mismo.
Deslizó su mano con delicadeza la mano bajo su abrigo, palpando sus pechos entre la suave tela de su blusa blanca, que fue desabrochando poco a poco y moviendo los dedos como un ejército adiestrado, avanzando y rodeando lentamente su sujetador.
Ella no solo consintió a esas inocentes caricias a través de la piel y la copa de tela del sostén, reaccionó abriendo más la boca, en ese beso que parecía no acabarse nunca, con el estímulo de unos imperceptibles gemidos y de su lengua. Aquella lengua que deambulaba en su boca y buscaba la suya, mientras la mano se movía perezosamente entre la piel y la tela, percibiendo la textura de los bultitos incipientes, duros en medio de aquellos pechos redondos, ahora hinchados y deliciosos que pugnaban por salir.
Aquella lengua le pareció que excedía a su petición inicial, era una lengua que le abría las puertas de algo que no conocía, no habían concretado nada de que sus lenguas se tocaran, sin embargo ahora su propia lengua, cobraba vida en la oscuridad de su boca, nunca antes había tenido dos lenguas ahí, en su propio paladar un sabor desconocido a un fluido ajeno, solo con esta idea un placer intenso le recorrió la médula espinal.
Aquella lengua ajena, se proyectaba en su interior, se deslizaba, le mojaba con su saliva dulce, era como el cuerpo de ella, desprovisto de su piel, le impulsó a tratar de poner delicadamente su mano entre sus muslos redondeados, bajo la falda, no solo no encontró resistencia, aquellos muslos se abrieron, entonces notó un calor extraordinario que se transmitió como por arte de magia a su interior, inexplicablemente para él, las manos de ella navegaron lentamente por encima del pantalón, encontrandose con su órgano terriblemente erecto.
No hubo batalla, ni resistencia alguna......
Metas Cortas
Quizás nadié le advirtió que hay preguntas que no deben hacerse, porque el efecto de la pregunta era devastador, las mujeres huían con una mirada torva, ante una sinceridad tan aplastante.
Hace años él había rozado a una compañera de Instituto de una forma casual, pero claro su timidez, no le permitió averiguar si la sensación fue satisfactoria en ambos cuerpos y por lo tanto seguir avanzando en la cuestión, resolviendo el tema con un huidizo 'lo siento'.
Por fin una simpática mujer anónima, en la cola de un supermercado, accedió a sus razonables propósitos, con un divertido...
-¿Y por que no?
Añadió que solo disponía de una hora para tal menester, de modo que le propuso un paseo por el parque, para evitar miradas indiscretas.
A pesar de esas dos preocupaciones, las miradas indiscretas y el límite horario, se decidió por besarla, (estuvo durante toda una vida, pensando como sería este momento). El beso se desarrolló con total naturalidad y la hermosa mujer de la que no analizaremos los motivos que le impulsaron a consentir en ser tocada, devolvió el beso con naturalidad.
Miles de duendes mentales, le dijeron que parara ahí, en ese beso cándido para evitar un traúmatico rechazo posterior, el contrato verbal no especificaba que tipo de tocamientos y la brevedad del tiempo asignado no aconsejaba proezas mayores, esas advertencias fueron rechazadas por una prodigiosa erección y entonces se obró el milagro, la mente empezó a dejar de trabajar, entrando en un mundo mágico, que se adueñó de sus manos, de su respiración, de él mismo.
Deslizó su mano con delicadeza la mano bajo su abrigo, palpando sus pechos entre la suave tela de su blusa blanca, que fue desabrochando poco a poco y moviendo los dedos como un ejército adiestrado, avanzando y rodeando lentamente su sujetador.
Ella no solo consintió a esas inocentes caricias a través de la piel y la copa de tela del sostén, reaccionó abriendo más la boca, en ese beso que parecía no acabarse nunca, con el estímulo de unos imperceptibles gemidos y de su lengua. Aquella lengua que deambulaba en su boca y buscaba la suya, mientras la mano se movía perezosamente entre la piel y la tela, percibiendo la textura de los bultitos incipientes, duros en medio de aquellos pechos redondos, ahora hinchados y deliciosos que pugnaban por salir.
Aquella lengua le pareció que excedía a su petición inicial, era una lengua que le abría las puertas de algo que no conocía, no habían concretado nada de que sus lenguas se tocaran, sin embargo ahora su propia lengua, cobraba vida en la oscuridad de su boca, nunca antes había tenido dos lenguas ahí, en su propio paladar un sabor desconocido a un fluido ajeno, solo con esta idea un placer intenso le recorrió la médula espinal.
Aquella lengua ajena, se proyectaba en su interior, se deslizaba, le mojaba con su saliva dulce, era como el cuerpo de ella, desprovisto de su piel, le impulsó a tratar de poner delicadamente su mano entre sus muslos redondeados, bajo la falda, no solo no encontró resistencia, aquellos muslos se abrieron, entonces notó un calor extraordinario que se transmitió como por arte de magia a su interior, inexplicablemente para él, las manos de ella navegaron lentamente por encima del pantalón, encontrandose con su órgano terriblemente erecto.
No hubo batalla, ni resistencia alguna......
Metas Cortas
Quizás nadié le advirtió que hay preguntas que no deben hacerse, porque el efecto de la pregunta era devastador, las mujeres huían con una mirada torva, ante una sinceridad tan aplastante.
Hace años él había rozado a una compañera de Instituto de una forma casual, pero claro su timidez, no le permitió averiguar si la sensación fue satisfactoria en ambos cuerpos y por lo tanto seguir avanzando en la cuestión, resolviendo el tema con un huidizo 'lo siento'.
Por fin una simpática mujer anónima, en la cola de un supermercado, accedió a sus razonables propósitos, con un divertido...
-¿Y por que no?
Añadió que solo disponía de una hora para tal menester, de modo que le propuso un paseo por el parque, para evitar miradas indiscretas.
A pesar de esas dos preocupaciones, las miradas indiscretas y el límite horario, se decidió por besarla, (estuvo durante toda una vida, pensando como sería este momento). El beso se desarrolló con total naturalidad y la hermosa mujer de la que no analizaremos los motivos que le impulsaron a consentir en ser tocada, devolvió el beso con naturalidad.
Miles de duendes mentales, le dijeron que parara ahí, en ese beso cándido para evitar un traúmatico rechazo posterior, el contrato verbal no especificaba que tipo de tocamientos y la brevedad del tiempo asignado no aconsejaba proezas mayores, esas advertencias fueron rechazadas por una prodigiosa erección y entonces se obró el milagro, la mente empezó a dejar de trabajar, entrando en un mundo mágico, que se adueñó de sus manos, de su respiración, de él mismo.
Deslizó su mano con delicadeza la mano bajo su abrigo, palpando sus pechos entre la suave tela de su blusa blanca, que fue desabrochando poco a poco y moviendo los dedos como un ejército adiestrado, avanzando y rodeando lentamente su sujetador.
Ella no solo consintió a esas inocentes caricias a través de la piel y la copa de tela del sostén, reaccionó abriendo más la boca, en ese beso que parecía no acabarse nunca, con el estímulo de unos imperceptibles gemidos y de su lengua. Aquella lengua que deambulaba en su boca y buscaba la suya, mientras la mano se movía perezosamente entre la piel y la tela, percibiendo la textura de los bultitos incipientes, duros en medio de aquellos pechos redondos, ahora hinchados y deliciosos que pugnaban por salir.
Aquella lengua le pareció que excedía a su petición inicial, era una lengua que le abría las puertas de algo que no conocía, no habían concretado nada de que sus lenguas se tocaran, sin embargo ahora su propia lengua, cobraba vida en la oscuridad de su boca, nunca antes había tenido dos lenguas ahí, en su propio paladar un sabor desconocido a un fluido ajeno, solo con esta idea un placer intenso le recorrió la médula espinal.
Aquella lengua ajena, se proyectaba en su interior, se deslizaba, le mojaba con su saliva dulce, era como el cuerpo de ella, desprovisto de su piel, le impulsó a tratar de poner delicadamente su mano entre sus muslos redondeados, bajo la falda, no solo no encontró resistencia, aquellos muslos se abrieron, entonces notó un calor extraordinario que se transmitió como por arte de magia a su interior, inexplicablemente para él, las manos de ella navegaron lentamente por encima del pantalón, encontrandose con su órgano terriblemente erecto.
No hubo batalla, ni resistencia alguna......
Metas Cortas
Quizás nadié le advirtió que hay preguntas que no deben hacerse, porque el efecto de la pregunta era devastador, las mujeres huían con una mirada torva, ante una sinceridad tan aplastante.
Hace años él había rozado a una compañera de Instituto de una forma casual, pero claro su timidez, no le permitió averiguar si la sensación fue satisfactoria en ambos cuerpos y por lo tanto seguir avanzando en la cuestión, resolviendo el tema con un huidizo 'lo siento'.
Por fin una simpática mujer anónima, en la cola de un supermercado, accedió a sus razonables propósitos, con un divertido...
-¿Y por que no?
Añadió que solo disponía de una hora para tal menester, de modo que le propuso un paseo por el parque, para evitar miradas indiscretas.
A pesar de esas dos preocupaciones, las miradas indiscretas y el límite horario, se decidió por besarla, (estuvo durante toda una vida, pensando como sería este momento). El beso se desarrolló con total naturalidad y la hermosa mujer de la que no analizaremos los motivos que le impulsaron a consentir en ser tocada, devolvió el beso con naturalidad.
Miles de duendes mentales, le dijeron que parara ahí, en ese beso cándido para evitar un traúmatico rechazo posterior, el contrato verbal no especificaba que tipo de tocamientos y la brevedad del tiempo asignado no aconsejaba proezas mayores, esas advertencias fueron rechazadas por una prodigiosa erección y entonces se obró el milagro, la mente empezó a dejar de trabajar, entrando en un mundo mágico, que se adueñó de sus manos, de su respiración, de él mismo.
Deslizó su mano con delicadeza la mano bajo su abrigo, palpando sus pechos entre la suave tela de su blusa blanca, que fue desabrochando poco a poco y moviendo los dedos como un ejército adiestrado, avanzando y rodeando lentamente su sujetador.
Ella no solo consintió a esas inocentes caricias a través de la piel y la copa de tela del sostén, reaccionó abriendo más la boca, en ese beso que parecía no acabarse nunca, con el estímulo de unos imperceptibles gemidos y de su lengua. Aquella lengua que deambulaba en su boca y buscaba la suya, mientras la mano se movía perezosamente entre la piel y la tela, percibiendo la textura de los bultitos incipientes, duros en medio de aquellos pechos redondos, ahora hinchados y deliciosos que pugnaban por salir.
Aquella lengua le pareció que excedía a su petición inicial, era una lengua que le abría las puertas de algo que no conocía, no habían concretado nada de que sus lenguas se tocaran, sin embargo ahora su propia lengua, cobraba vida en la oscuridad de su boca, nunca antes había tenido dos lenguas ahí, en su propio paladar un sabor desconocido a un fluido ajeno, solo con esta idea un placer intenso le recorrió la médula espinal.
Aquella lengua ajena, se proyectaba en su interior, se deslizaba, le mojaba con su saliva dulce, era como el cuerpo de ella, desprovisto de su piel, le impulsó a tratar de poner delicadamente su mano entre sus muslos redondeados, bajo la falda, no solo no encontró resistencia, aquellos muslos se abrieron, entonces notó un calor extraordinario que se transmitió como por arte de magia a su interior, inexplicablemente para él, las manos de ella navegaron lentamente por encima del pantalón, encontrandose con su órgano terriblemente erecto.
No hubo batalla, ni resistencia alguna......
sábado, 10 de mayo de 2008
El juego subliminal

Nunca hasta ese entonces habíamos pensado tener alguna otra relación entre nosotros más que la amistad que sincera que teníamos, pero con los tonteos de los celos, entre compañeros de trabajo, cada vez nos unían un poco más, dándonos motivos, por aquello de compartir rumores y ser parte de ellos.
Los conserjes y las secretarias muy dadas a los comentarios, nos divertían, hasta tal punto que en su presencia, al cruzarnos con alguno de ellos, me acariciaba suavemente el pene por encima del pantalón, y sonreía y miraba como desviaban la vista violentamente.
Algún compañero al pasar a su lado, se acercaba y realizaba algún tipo de broma para que ella le acariciase a él, pensando que tal vez ella fuera ligera de cascos y formaba parte de su perversión, pero era un privilegio que solo me destinaba a mi.

Hasta que un día, estábamos en una cafetería cercana, durante el tiempo del desayuno. La secretaria llamó a mi móvil, sin darse cuenta ella respondió al teléfono, y al otro lado se oyeron unos comentarios, y le preguntaron por qué tenía ella mi movil, ella irónicamente respondió que yo estaba muy ocupado desabrochando los botones de su blusa y no podía responder, que ella estaba tumbada sobre el sofá y yo estaba encima de ella.
Al oír yo eso, me acerqué a ella para seguir la broma, y hablar yo también por el móvil, lo cual hice, le dije que me lo estaba pasando muy bien, por lo que se oyeron unas risitas cómplices al otro lado, y murmuraron vale, vale, esta bien...entiendo....
Al colgar nos dimos cuenta en la situación en la que estábamos, pues en realidad si estábamos casi juntos, sentados en la misma silla y al aproximarme al teléfono que sostenía ella, me había echado casi totalmente encima de ella y tenía una mano muy cerca de uno de sus pechos.
Cuando puso el teléfono en la silla sobre la que estaba este, giró la cabeza, y nos quedamos mirando fijamente a los ojos, y al momento miramos hacia mi mano, casi sobre un seno, un instante, no se que pasó que nos quedamos prendados uno mirando al otro, me regalo una de sus sonrisas inocente y la besé suavemente en los labios, me devolvió el beso, acariciando mi lengua con la suya.
Le acariciaba el pelo con una mano, mientras que con la otra le comenzaba a rozar un pecho, no puedo describir la sensación de vacío tan deliciosa que sentía al acariciarle sus senos, por no hablar de una especie de corriente dulcemente nerviosa, al ver que sus pezones se erizaban, bajo la tela, ella es una chica terriblemente atráctiva, con unas tetas redondas y suaves, es un auténtico ángel, al menos yo así lo siento, supongo que la complicidad del momento hacía aparecer su verdadera personalidad, dulce, alegre, cariñosa...

Seguimos por un momento en esa misma situación, hasta que ya al fin separamos nuestras bocas, le comenté, que al final iba a ser verdad lo que se comentaba, por lo que ella me sacó la lengua, sonrió y miró hacia su blusa. Yo le desabroché un botón más, y le rocé por encima su hermoso sujetador blanco, ante mí quedaron su preciosos pechos atrapados en aquella tela semitransparente y ante el asombro de algunos clientes comencé a besarlos y a chuparle sus pezoncitos rosados, era una maravilla, ella estaba absorta y a mi pesar la vestí suavemente.
Ya nada es lo mismo ahora, un juego táctico, miradas y gestos se han vuelto armas arrojadizas, ahora cuando pasa a mi lado y me acaricia el pene suele ahuecar la mano y apretarlo ligeramente, sonríe angelicalmente al ver como mi pene le obedece a ella, más que a mi .....

Aunque lo peor es que cuando pasa por mi despacho, me deja una fresa mordida, creo que me conoce demasiado .....
El juego subliminal

Nunca hasta ese entonces habíamos pensado tener alguna otra relación entre nosotros más que la amistad que sincera que teníamos, pero con los tonteos de los celos, entre compañeros de trabajo, cada vez nos unían un poco más, dándonos motivos, por aquello de compartir rumores y ser parte de ellos.
Los conserjes y las secretarias muy dadas a los comentarios, nos divertían, hasta tal punto que en su presencia, al cruzarnos con alguno de ellos, me acariciaba suavemente el pene por encima del pantalón, y sonreía y miraba como desviaban la vista violentamente.
Algún compañero al pasar a su lado, se acercaba y realizaba algún tipo de broma para que ella le acariciase a él, pensando que tal vez ella fuera ligera de cascos y formaba parte de su perversión, pero era un privilegio que solo me destinaba a mi.

Hasta que un día, estábamos en una cafetería cercana, durante el tiempo del desayuno. La secretaria llamó a mi móvil, sin darse cuenta ella respondió al teléfono, y al otro lado se oyeron unos comentarios, y le preguntaron por qué tenía ella mi movil, ella irónicamente respondió que yo estaba muy ocupado desabrochando los botones de su blusa y no podía responder, que ella estaba tumbada sobre el sofá y yo estaba encima de ella.
Al oír yo eso, me acerqué a ella para seguir la broma, y hablar yo también por el móvil, lo cual hice, le dije que me lo estaba pasando muy bien, por lo que se oyeron unas risitas cómplices al otro lado, y murmuraron vale, vale, esta bien...entiendo....
Al colgar nos dimos cuenta en la situación en la que estábamos, pues en realidad si estábamos casi juntos, sentados en la misma silla y al aproximarme al teléfono que sostenía ella, me había echado casi totalmente encima de ella y tenía una mano muy cerca de uno de sus pechos.
Cuando puso el teléfono en la silla sobre la que estaba este, giró la cabeza, y nos quedamos mirando fijamente a los ojos, y al momento miramos hacia mi mano, casi sobre un seno, un instante, no se que pasó que nos quedamos prendados uno mirando al otro, me regalo una de sus sonrisas inocente y la besé suavemente en los labios, me devolvió el beso, acariciando mi lengua con la suya.
Le acariciaba el pelo con una mano, mientras que con la otra le comenzaba a rozar un pecho, no puedo describir la sensación de vacío tan deliciosa que sentía al acariciarle sus senos, por no hablar de una especie de corriente dulcemente nerviosa, al ver que sus pezones se erizaban, bajo la tela, ella es una chica terriblemente atráctiva, con unas tetas redondas y suaves, es un auténtico ángel, al menos yo así lo siento, supongo que la complicidad del momento hacía aparecer su verdadera personalidad, dulce, alegre, cariñosa...

Seguimos por un momento en esa misma situación, hasta que ya al fin separamos nuestras bocas, le comenté, que al final iba a ser verdad lo que se comentaba, por lo que ella me sacó la lengua, sonrió y miró hacia su blusa. Yo le desabroché un botón más, y le rocé por encima su hermoso sujetador blanco, ante mí quedaron su preciosos pechos atrapados en aquella tela semitransparente y ante el asombro de algunos clientes comencé a besarlos y a chuparle sus pezoncitos rosados, era una maravilla, ella estaba absorta y a mi pesar la vestí suavemente.
Ya nada es lo mismo ahora, un juego táctico, miradas y gestos se han vuelto armas arrojadizas, ahora cuando pasa a mi lado y me acaricia el pene suele ahuecar la mano y apretarlo ligeramente, sonríe angelicalmente al ver como mi pene le obedece a ella, más que a mi .....

Aunque lo peor es que cuando pasa por mi despacho, me deja una fresa mordida, creo que me conoce demasiado .....
