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martes, 22 de noviembre de 2011

Al pié de la letra






Una joven agente le esposó las muñecas, mientras estaba inmovilizado en el suelo y aplicó el protocolo recitándole el texto de la detención:

"
Usted tiene derecho a permanecer en silencio.
Cualquier cosa que diga, será usada en su contra ante un tribunal.
Tiene derecho a consultar a un abogado y/o a tener a uno presente cuando sea
interrogado por la policía. Si no puede contratar a un abogado, le será
designado uno de oficio
".....




El presunto delincuente parecía escuchar atentamente y al cabo de un momento sonrió y en fuerte voz dijo:





-¡TETAS!

Quizás no debió prestar tanta atención literaria al texto, quizás fue el perfume embriagador el caso es que gritó con todas sus fuerzas para que lo oyeran el máximo número de testigos presentes.

Fue algo instintivo, ella le arreó un bofetón con todas sus ganas, pero luego se dio cuenta de su error, antes de reconocer que se había equivocado y volver a parafrasear el texto, liberó sus pechos del uniforme y aplicó a rajatabla las instrucciones, y aplicando sus tetas en su contra tal y como había sugerido en su detención según el estricto código policial, dejó que sus pechos grandes, turgentes, redondos, se pasearan por la cara del detenido.
El efecto fue el esperado, se hizo un silencio sepulcral entre los testigos, sonrió para sus adentros, las sonrisas burlonas se congelaron en las caras de los presentes, policías, clientes y empleados, testigos privilegiados de aquella curiosa detención, al fin y al cabo el detenido estaba totalmente reducido (excepto una de sus partes).

-¿Cada cuál detiene como quiere no?

La joven agente fue expedientada por alteración del orden público, exhibicionismo e intento de estrangulamiento a un presunto delincuente mientras esposado e indefenso se le impedía respirar con normalidad al aplicarle sus hermosos pechos en la boca.

Los testigos de la detención, empezaron allí mismo a practicar la delincuencia para ser capturados por esa bella mujer tan estricta, con lo cual se organizó un terrible caos de peleas insultos y maltrato al mobiliario urbano.

Ahora muchos presuntos delincuentes de la ciudad al ser detenidos por féminas escuchan atentamente el texto y dicen:

- ¡COÑO!








Por si tienen suerte .......

domingo, 29 de noviembre de 2009

Equívocos y Errores Encadenados



-¿Está usted seguro de lo que pide?


El Enseguida se dio cuenta de su lamentable error, había infringido la regla número uno de los atracos, olvidó mostrar la pistola.
Un hombre de aspecto endeble, gritando a la empleada de la joyería que le mostrara sus mejores joyas, desde luego no era muy coherente. ¿En que demonios estaría pensando?.


-Bueno quizás no esté muy seguro.


Nueva empleada en aquel local de lujo, le habían insistido hasta la saciedad en que el cliente siempre tiene razón, de modo que se se desabrochó lentamente la camisa a cuadros y utilizando la yema de los dedos como palanca, extrajo un pecho y le mostró uno de sus hermosos pezones sonrosados, que lo violento de la situación había empitonado.




-¿Satisfecho? ¿le enseño mi 'otra' joya?


Aquel ladrón de poca monta, intentó hablar pero no le salieron más que unos sonidos guturales. La pistola cayó al suelo con estrépito.
El resto de clientes masculinos, después de una pausa, también solicitaron educadamente ver las mejores joyas.
El guardia de seguridad ajeno al jolgorio provocado, le dobló el brazo y aprisionó contra el suelo hasta que se acercaron unos agentes de policía.

Una joven agente le esposó las muñecas mientras estaba inmobilizado en el suelo y con el nerviosismo alteró levemente el texto de la detención:


"Usted tiene derecho a permanecer en
silencio. Cualquier cosa que diga, será usada en su contra ante un tribunal.
Tiene derecho a consultar a un abogado y/o a tener a uno presente cuando sea
interrogado por la policía. Si no puede contratar a un abogado, le será
designado uno para representarlo".
Quizás no debió prestar tanta atención litearia al texto, quizás fué el perfume embriagador el caso es que gritó con todas sus fuerzas para que lo oyeran el máximo número de testigos presentes.

-¡TETAS!

Fue algo instintivo, ella le arreó un bofetón con todas sus ganas, pero luego miró el manual de detenciones y se dio cuenta de su error, antes de reconocer que se había equivocado y volver a parafrasear el texto, liberó sus pechos del uniforme y aplicó a rajatabla las instrucciones, dejó que sus pechos grandes, turgentes, redondos, se pasearan por la cara del detenido.

El efecto fué el esperado, se hizo un silencio sepulcral, sonrió para sus adentros, las sonrisas burlonas se congelaron en las caras de los presentes, policías, clientes y empleados, testigos privilegiados de aquella detención, al fin y al cabo el detenido estaba totalmente reducido (excepto una de sus partes).

-¿Cada cuál detiene como quiere no?

La joven agente fue expedientada por alteración del orden público, exhibicionismo, intento de estrangulamiento a un presunto delincuente, introduciendo sus pechos en la boca mientras estaba esposado e indefenso e incitar a practicar la delincuencia a unos clientes que asistían atónicos a aquel espectáculo y pedían ser detenidos por esa mujer.

La joyería en cuestión ha aumentado sus ventas a pesar de la crisis en un 2000% y ahora muchos presuntos delincuentes de la ciudad al ser detenidos por féminas dicen:

- ¡COÑO!