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jueves, 20 de agosto de 2020

Fotografía y Óleo

Con las cámaras automáticas el mundo de la fotografía se reduce al encuadre y a elegir bien el motivo, pero también podemos desectructurar la perfección de la imagen y crear efectos que nos dan otra visión de la realidad ...


Fotografiar durante la lluvia hace que las imágenes parezcan increíbles pinturas al óleo

Las técnicas son las mismas, así como los ángulos y los sujetos, con las tarjetas de memoria podemos hacer miles de fotos del mismo motivo, pero de vez en cuando surgen imágenes que insuflan aire fresco y demuestran que para tomar fotos, no sólo se necesita una cámara, sino creatividad y ver el mundo desde otra perspectiva.

Fotografiar durante la lluvia hace que las imágenes parezcan increíbles pinturas al óleo.

La clave sin duda está en la creatividad, pero un elemento que muchas veces pasa desapercibido es aquel que está ahí con nosotros, de forma natural y sin necesidad de estarlo buscando o recreando a través de alguna otra técnica. Es así como hoy veremos unas fascinantes fotografías que se aprovechan de los días lluviosos y un cristal.


























Cuando las gotas sobre el cristal se transforman en filtro

Eduard Gordeev es un talentoso fotógrafo con sede en San Petersburgo, Rusia, especialista en paisajes urbanos, y uno que otro natural. Pero en esta ocasión veremos el trabajo que realiza cuando combina esos paisajes cotidianos de la ciudad, con días lluviosos, pero a los que suma un cristal desde donde captura cada una de estas escenas.
El resultado es verdaderamente maravilloso, porque las gotas de agua se vuelven el elemento principal de la composición, ya que difuminan los colores y crean una iluminación difusa, que hace creer al espectador que está viendo un óleo impresionista.
Lo curioso de todo, es que Eduard ha comentado que esta técnica no tiene nombre, ya que surgió accidentalmente, pero al día de hoy es una de las que más le gusta utilizar por los resultados espectaculares. Demostrando así, que los elementos están ahí, en las cosas sencillas, sólo necesitamos combinarlos y crear algo a partir de ello.

sábado, 21 de febrero de 2009

Gotas ....

Golpeo con furia sobre el vidrio intentando hacerme oír por ese ser inanimado con forma humana que se encuentra tras él. Mis puños arremeten una y otra vez contra esa fría superficie, grito a pleno pulmón, pero mi voz no consigue atravesarla y se pierde entre el fragor de todas aquellas otras voces que me acompañan.

Intento girar la cabeza para mirar a mi alrededor, buscando algún lugar donde poder agarrarme y no caer al abismo, a ese oscuro agujero que, ávido, se traga todo lo que está a su alcance, succionando la vida y los sueños.

Finalmente atisbo lo que parece ser un pequeño hueco unos metros más abajo de donde me encuentro. Si consigo llegar hasta él podré vaciarme en su interior y evitar el aciago destino que ya han sufrido muchas de mis hermanas. Intento tomar impulso absorbiendo el reguero de agua que han ido dejando mis predecesoras, y esquivando alguna que otra porquería que se ha quedado adherida al cristal me encamino, triunfante, hacia mi salvación.

Apenas doce centímetros me separan de aquel pequeño hueco cuando comienzo a notar que alguna fuerza externa a mí me arrastra en dirección contraria. Es el viento que, sabedor de su superioridad, se divierte jugando con nosotras. Nos arrastra de un lugar a otro sin esfuerzo, fingiendo no escuchar nuestras súplicas, y dejándonos caer a su antojo en cualquier otro lugar. La historia se repite, he regresado a la ventana, pero esta vez me encuentro en la otra hoja. Mientras comienzo a resbalar de nuevo me pregunto qué sentido tiene repetir los errores del pasado. Me dejo caer hacia el abismo pensando que, tal vez, no sea tan malo. Probablemente perderé la conciencia y no sentiré nada. Seguro que no me dolerá. Y quién sabe qué maravillas hallaré al otro lado…

Cierro la ventana, comienza a llover, y voy siguiendo el camino descendente de las gotas de lluvia aparentemente inanimadas que resbalan por el cristal. Me mimetizo con ellas, trasladando mi “yo” pensante al otro lado, a la calle .....

Gotas ....

Golpeo con furia sobre el vidrio intentando hacerme oír por ese ser inanimado con forma humana que se encuentra tras él. Mis puños arremeten una y otra vez contra esa fría superficie, grito a pleno pulmón, pero mi voz no consigue atravesarla y se pierde entre el fragor de todas aquellas otras voces que me acompañan.

Intento girar la cabeza para mirar a mi alrededor, buscando algún lugar donde poder agarrarme y no caer al abismo, a ese oscuro agujero que, ávido, se traga todo lo que está a su alcance, succionando la vida y los sueños.

Finalmente atisbo lo que parece ser un pequeño hueco unos metros más abajo de donde me encuentro. Si consigo llegar hasta él podré vaciarme en su interior y evitar el aciago destino que ya han sufrido muchas de mis hermanas. Intento tomar impulso absorbiendo el reguero de agua que han ido dejando mis predecesoras, y esquivando alguna que otra porquería que se ha quedado adherida al cristal me encamino, triunfante, hacia mi salvación.

Apenas doce centímetros me separan de aquel pequeño hueco cuando comienzo a notar que alguna fuerza externa a mí me arrastra en dirección contraria. Es el viento que, sabedor de su superioridad, se divierte jugando con nosotras. Nos arrastra de un lugar a otro sin esfuerzo, fingiendo no escuchar nuestras súplicas, y dejándonos caer a su antojo en cualquier otro lugar. La historia se repite, he regresado a la ventana, pero esta vez me encuentro en la otra hoja. Mientras comienzo a resbalar de nuevo me pregunto qué sentido tiene repetir los errores del pasado. Me dejo caer hacia el abismo pensando que, tal vez, no sea tan malo. Probablemente perderé la conciencia y no sentiré nada. Seguro que no me dolerá. Y quién sabe qué maravillas hallaré al otro lado…

Cierro la ventana, comienza a llover, y voy siguiendo el camino descendente de las gotas de lluvia aparentemente inanimadas que resbalan por el cristal. Me mimetizo con ellas, trasladando mi “yo” pensante al otro lado, a la calle .....

Gotas ....

Golpeo con furia sobre el vidrio intentando hacerme oír por ese ser inanimado con forma humana que se encuentra tras él. Mis puños arremeten una y otra vez contra esa fría superficie, grito a pleno pulmón, pero mi voz no consigue atravesarla y se pierde entre el fragor de todas aquellas otras voces que me acompañan.

Intento girar la cabeza para mirar a mi alrededor, buscando algún lugar donde poder agarrarme y no caer al abismo, a ese oscuro agujero que, ávido, se traga todo lo que está a su alcance, succionando la vida y los sueños.

Finalmente atisbo lo que parece ser un pequeño hueco unos metros más abajo de donde me encuentro. Si consigo llegar hasta él podré vaciarme en su interior y evitar el aciago destino que ya han sufrido muchas de mis hermanas. Intento tomar impulso absorbiendo el reguero de agua que han ido dejando mis predecesoras, y esquivando alguna que otra porquería que se ha quedado adherida al cristal me encamino, triunfante, hacia mi salvación.

Apenas doce centímetros me separan de aquel pequeño hueco cuando comienzo a notar que alguna fuerza externa a mí me arrastra en dirección contraria. Es el viento que, sabedor de su superioridad, se divierte jugando con nosotras. Nos arrastra de un lugar a otro sin esfuerzo, fingiendo no escuchar nuestras súplicas, y dejándonos caer a su antojo en cualquier otro lugar. La historia se repite, he regresado a la ventana, pero esta vez me encuentro en la otra hoja. Mientras comienzo a resbalar de nuevo me pregunto qué sentido tiene repetir los errores del pasado. Me dejo caer hacia el abismo pensando que, tal vez, no sea tan malo. Probablemente perderé la conciencia y no sentiré nada. Seguro que no me dolerá. Y quién sabe qué maravillas hallaré al otro lado…

Cierro la ventana, comienza a llover, y voy siguiendo el camino descendente de las gotas de lluvia aparentemente inanimadas que resbalan por el cristal. Me mimetizo con ellas, trasladando mi “yo” pensante al otro lado, a la calle .....

Gotas ....

Golpeo con furia sobre el vidrio intentando hacerme oír por ese ser inanimado con forma humana que se encuentra tras él. Mis puños arremeten una y otra vez contra esa fría superficie, grito a pleno pulmón, pero mi voz no consigue atravesarla y se pierde entre el fragor de todas aquellas otras voces que me acompañan.

Intento girar la cabeza para mirar a mi alrededor, buscando algún lugar donde poder agarrarme y no caer al abismo, a ese oscuro agujero que, ávido, se traga todo lo que está a su alcance, succionando la vida y los sueños.

Finalmente atisbo lo que parece ser un pequeño hueco unos metros más abajo de donde me encuentro. Si consigo llegar hasta él podré vaciarme en su interior y evitar el aciago destino que ya han sufrido muchas de mis hermanas. Intento tomar impulso absorbiendo el reguero de agua que han ido dejando mis predecesoras, y esquivando alguna que otra porquería que se ha quedado adherida al cristal me encamino, triunfante, hacia mi salvación.

Apenas doce centímetros me separan de aquel pequeño hueco cuando comienzo a notar que alguna fuerza externa a mí me arrastra en dirección contraria. Es el viento que, sabedor de su superioridad, se divierte jugando con nosotras. Nos arrastra de un lugar a otro sin esfuerzo, fingiendo no escuchar nuestras súplicas, y dejándonos caer a su antojo en cualquier otro lugar. La historia se repite, he regresado a la ventana, pero esta vez me encuentro en la otra hoja. Mientras comienzo a resbalar de nuevo me pregunto qué sentido tiene repetir los errores del pasado. Me dejo caer hacia el abismo pensando que, tal vez, no sea tan malo. Probablemente perderé la conciencia y no sentiré nada. Seguro que no me dolerá. Y quién sabe qué maravillas hallaré al otro lado…

Cierro la ventana, comienza a llover, y voy siguiendo el camino descendente de las gotas de lluvia aparentemente inanimadas que resbalan por el cristal. Me mimetizo con ellas, trasladando mi “yo” pensante al otro lado, a la calle .....